El triunfo electoral de Donald Trump el pasado año significó la derrota definitiva del raciocinio en favor de los planteamientos emocionales e instintivos. La sorpresiva victoria revolucionó la política convencional y desnudó flagrantemente la banalización fatal que infecta la opinión púbica, dando origen a una nueva era: la era de la posverdad.

Aunque se esperaba que su actitud narcisista e infantil desapareciera junto al fervor de la campaña, hoy a más de un año de ese inesperado final el emperador Trump estremece al mundo con cada movimiento de su pluma.

El presidente arremete contra el nuevo mundo con una receta devastadora; populismo, proteccionismo y nacionalismo. Con ideas de otro tiempo y soluciones irracionales se ganó irrefutablemente el estigma de El Hugo Chávez estadounidense, por sus grandes semejanzas con el político Venezolano, y ha sabido corresponder a sus más acérrimos críticos.

Su política exterior ha cumplido estrictamente con sus esperpénticas promesas electorales, deteriorando considerablemente el comercio mundial, como así también la economía del país. Esto lo han demostrado empíricamente los datos de la FED (Reserva Federal), enfatizando sobre el efecto Trump en la economía.

La rebeldía promete continuamente un detrimento de las relaciones internacionales estadounidenses, tan complicadas como necesarias para las estrechas relaciones comerciales que unen a EE.UU con el mundo y que lo han visto prosperar desde la segunda guerra mundial.

La política inmigratoria tomó desde el primer momento un aire desproporcionado. Trump emprendió una inquisición contra los extranjeros, sobre todo Mexicanos y Musulmanes, con medidas fronterizas restrictivas y pretensiones faraónicas, como el comentado muro en la frontera sur del país. No obstante, los decretos inmigratorios han sido resistidos por jueces de los distritos federales y la Corte Suprema de Justica, aunque no con mucho éxito.

Además, el descrédito de Trump por el cambio clímático lo ha llevado a sacar a EE.UU del Acuerdo de París, una propuesta mundial para frenar el innegable calentamiento global y que ha logrado reunir a más de 180 países para resguardar el mundo de las consecuencias irreparables producidas por las emisiones de gases contaminantes.

El rumbo norteamericano desorienta los planes del nuevo mundo mientras continúa contraatacando con un torpe nacionalismo e ideas que no corresponden al entorno cambiante que atraviesa las fronteras mundiales.

Gabriel Gimenez.

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