En medio de la extensa discusión que se establece por el encarecimiento sostenido de los productos provinciales y departamentales, incapaces de competir con los precios del vecino país, Chile, apremia y preocupa la considerable baja del consumo. Sin embargo, los programas que esperan inyectar confianza en el consumidor y fomentar el comercio -algunos como el plan de cuotas provincial-, no terminan de amortiguar los extensos gravámenes que afectan considerablemente los precios relativos, amedrentando la capacidad de compra y ahuyentando los hábitos de consumo, recaídos desde hace lustros. Las recientes cifras el BCRA indican que los argentinos gastaron en el exterior -nada menos que- 11.000 millones de dólares, lo cuáles podrían haber sido dentro de las fronteras del país si las bases tributarias no dejaran exhausto el comercio y la industria.

El alto precio de los productos nacionales se debe mayormente al constante aumento de los costos. Aunque cueste aceptarlo y sea más fácil de comprar el pretexto del empresario ambicioso que ajusta desmedidamente el precio de los productos, esto último representa una falacia usada regularmente para justificar acciones políticas despóticas. La incesante precisión tributaria argentina representa, en el menor de los casos el 50% del precio de todos los productos que consumimos a diario. Los impuestos provinciales y nacionales, sumados a las tasas municipales conforman la estratosférica suma de 96 impuestos diferentes, en los tres ámbitos de gobierno.

La realidad indica, que los impuestos en argentina son de orden indirecto, lo que significa que muchos de los impuestos que pagamos, intrínsecamente se ajustan directamente al precio de los productos, por lo que el consumidor no es consciente de la presión impositiva  a la que es sometido. A diferencia de otros países en los cuales se realiza una declaración tributaria donde el ciudadano paga directamente sus impuestos en cantidades porcentuales fijas a sus ingresos anuales.

En contraposición a los aranceles del 3% del valor del producto importado que se paga en la aduana de Chile, para importar un producto en Argentina es necesario desembolsar en la aduana –ni más ni menos- que el 30% del valor de la importación, lo que encarece desmedidamente el precio. He aquí el principal motivo por el cual el mendocino que puede realizar un tour de compras por el vecino país no va a dejar pasar la oportunidad, y no hay plan de cuotas que logre contrarrestar esta coyuntura.

En tanto, la inflación en Argentina asciende al 30% anual, desplomando el poder adquisitivo año tras año ¿A qué se debe este mal crónico? El déficit fiscal (7% del PBI), es decir,  la diferencia negativa entre lo que ingresa y lo que gasta el estado. Para financiar el número rojo que arrojan las cuentas fiscales, se recurre a la impresión desmedida de papel moneda, incrementando la base monetaria cuando la actividad económica y la producción de bines está estática.

Recapitulando, la preferencia por los productos Chilenos, que tantos dolores de cabeza produce a los comerciantes Sanrafaelinos y Mendocinos, sobre todo por su cercanía con Chile, es producto de la colosa carga impositiva que rige estoica. Mal que pese el agua va siempre al lugar más bajo.

Gabriel Gimenez.

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